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"A Contraluz”, un poemario que cita letras de
canciones, se destaca por el rescate de esa época dorada en que el bolero
brilló con gran influencia en la música romántica. Y qué otra cosa es la
poesía, sino música, o que otra cosa es la música, sino poesía. Ellos, los
compositores, son inequívocamente los grandes poetas del amor.
Caseiro sitúa a la mujer voz poética, inyectada del afán
por capturar lo que a todas luces es el amor imposible, el anhelo de encontrar
y poner piel a ese ser que habita en el sueño de sus desazones. Fatalismo a
veces, esperanza otras, pero sobre toda cosa romanticismo puro. El anhelo de
materializar un sueño, ese sueño afiebrado del amor, toma para sí protagonismo.
Ella le habla a él, ese él entrañablemente amado y que está formado de la piel
que ella le otorga, del latido que ella le infunde, de su propia sangre, cuando
se traiciona a sí misma para convertirse en él. Nada de frivolidad hay en el
verso que naturalmente brota con manos de música. Poemas del hoy, y del
siempre, porque el amor es siempre amor y nada importa a los enamorados si les
llaman cursis. Ellos no lo son. Sirva, “A Contraluz”, como una manera de honrar
a todos aquellos grandes compositores que nos acompañaron alguna vez a nuestro
paso por el gran sueño del amor y, ¿por qué no?, también a todos los
protagonistas del amor soñado.
